Aterrizamos en Palma de Mallorca, huele a mar. Encendemos la radio y en menos de lo que dura un single se nos aparece la catedral como antesala del casco antiguo.Nos llama poderosamente la atención, la naturalidad con la que confluyen lo antiguo y lo nuevo.

Entre bares, gente y música en las calles nos hablan de un nuevo espacio cultural, situado en la zona industrial de la ciudad, inaugurado hace solo un par de meses.

Sin duda, Palma quiere ser ciudad de vanguardia, nos imaginamos las movidas que hemos visto en este tipo de zonas en ciudades como Berlín, Amsterdam, Barcelona… y queremos verlo.

Llegamos en menos de diez minutos, en esta ciudad de contrastes las distancias son cortas. Y entre naves de polígono un cubo de color rojo. Es La Red.

Después de pasar por la terraza con mesas de hierro altas sorteando a fumadores que conversan, entramos en un espacio diáfano, sin rincones ni recovecos y un gran escenario de poca altura al fondo, como tienen que ser las salas de conciertos.

Entre los rojos y negros de una decoración inspirada en el constructivismo ruso nos percatamos de su excelente sonoridad. El grupo se disuelve por un rato; unos están en la barra refrescando las gargantas a base de Moritz mientras otro par se entretiene mirando cds, libros, merchan, ropa y qué sé yo, las cosas y cositas que hay a la venta en La Red Store, una tienda dentro de la misma sala.

Entre tanto, sigo chafardeando hasta dar con el backstage, una salita con acceso directo al escenario, las paredes pintadas con firmas de las bandas que ya han pasado por aquí y un precioso sofá rojo…

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